„¡Ah,
Latinoamérica!“, exclamó James, y levantó y
bajo su mano en un gesto de paternal inutilidad al evocar una imagen que
sólo podía ocasionarle disgusto por situaciones de desorden
permanente, protesta ante la preocupación constante por la marcha
del continente y reclamo por turbar su tranquilidad con gentes que no
tenían remedio alguno, salvo sus intervenciones quirúrgicas.
Arnaldo Martínez
comía un estofado y bebía una botella de vino tinto en un
restaurante de un aeropuerto internacional cuando James ocupó la
mesa contigua.
Este encargó
el almuerzo, miró hacia todos lados, y, finalmente, le preguntó
si hablaba inglés. Arnaldo dijo que sólo hablaba español.
James dijo que era norteamericano y le preguntó, en español
elemental, de qué país era.
Arnaldo respondió
que no era de ningún país, sino de Latinoamérica,
y realizó un amplio movimiento envolvente en el espacio con su
brazo izquierdo. Fue entonces cuando James exclamó „¡Ah,
Latinoamérica!“
Arnaldo bebió
un segundo vaso de ese vino tinto como simple pretexto para ocultar la
cólera y tratar de aplacar la desazón que ingresó
a su cerebro y se reflejó como un encendio en su cara mestiza.
„¡Ah,
Norteamérica!“
„Los
trozos de carne, como piedras, me recordaban desgracias. El gringo se
había equivocado conmigo, porque cuando ingresé al primer
año de la Universidad vestía estrafalario, pero siempre
digno: me dejé crecer las patillas como O Higgins; mi pelo largo
lo amarré atrás, como Bolívar y usaba un sombrero
de ala ancha, y un pañuelo de seda al cuello como Sandino. Ah,
Norteamérica, pensé recordando la fábula del tiburón
y las sardinas, mi marcha por Vietnam y los asesinatos del Che y de Allende“.
--Ustedes tener
muchos problemas –acotó con precisión James.
Arnaldo lo observó y respondió:
--Más
problemas tener ustedes.
James celebró la respuesta con una carcajada sobre actuada. Trozó
su carne y después de masticarla, meditó algunos minutos
y dijo:
--Nosotros
ser desarrollados. Ustedes ser subdesarrollados. Nosotros ser Estados
Unidos, ustedes ser Estados Desunidos –dijo; pero su risa sonó
falsa.
„Volvió
a arder mi cara, porque el gringo, con su simpleza, decía la verdad.
Aunque a medias. Son desarrollados,efectivamente, porque durante siglos
explotaron esclavos. La base de su desarrollo es tan inmoral, como la
de su madre patria anglosajona, o Europa. Esclavistas, colonizadores.
Cuánto crimen se oculta bajo ese desarrollo. Pero... impotente
debía admitir que yo podía sentirme latinoamericano, pero
no podía hablar como latinoamericano.Divisiones artificiales, egoismos
nacionales...“
--Ustedes ser
muy desarrollados en pegar a niños. Primera causa de muerte de
bebés ser golpizas del Pa y la Ma –dije; gringo de mierda,
pensé.
James fingió
que no captó las frases de Arnaldo. Entonces éste repitió
palabra por palabra el agravio y disfrutó como si comiera una inmunda
jaiva con salsa verde o esos asquerosos moluscos que se los tragan vivos.
Cuando James
aparentó que comprendió el mensaje se tineron sus mejillas
por el brutal esfuerzo que supuestamente habría hecho para contenerse,
aunque en el fondo no le importaba la insolencia del indio.
„Me
sentí aliviado, el gringo como niño castigado empezó
a llenarse la boca y a masticar. Definitivamente no hubiera querido que
nos pareciécemos en nada a Estados Unidos, ni a Europa ni a Rusia.
Teníamos nuestra propia historia, nuestros propios héroes“.
--Yo leer „El
Idiota Latinoamericano“ -dijo de pronto James y lanzó una
sonora carcajada. Muy auténtica. Y fue muy buena su intervención,
pues al disparar su frase apuntó al centro del corazón.
Arnaldo bajó la cabeza meditabundo, se veía ligeramente
airado, pues era indudable que Norteamérica necesita hacer un esfuerzo
mínimo en Latinoamérica, donde, normalmente, se matan entre
ellos. Vietnamizar la guerra fue... pero esa fue otra historia, plagada
de errores. Aquí es sencillo el trabajo, con la ayuda de Dios nuestros
propios amigos latinos demuelen la memoria, despedazándo a muchos,
y en primer lugar a Bolívar, ese generalito de pacotilla, como
dicen los Malinches de este subproducto de continente donde todos son
comprables. Y para atender a los seguidores de esas tradiciones baratas,
como este Arnaldo mierdón, tenemos a policías y ejércitos
formados en nuestras Academias. Más de sesenta mil instructores
armados con nuestro mensaje.
„En
nuestro continente existía ese especímen, más papista
que el papa,, fagocitado, asimilado, comenzando por su dudosa dignidad.
Son parientes de los que implantan la celebración de la fiesta
norteamericana de la noche de las brujas o mucho antes ensenaron a celebrar
la pascua con árboles navidenos cubiertos con algodón para
remedar la nieve, con 30 grados sobre cero! Copiones, funcionarios a sueldo
de Londres o Washington. Y aunque tenemos nuestra propia historia, cultura,
lengua, estilo, fallamos. Porque tenemos gobiernos de mamarrachos, que
comenzaron por castrar a nuestra propia población aborígen
y poner, en su reemplazo a europeos que, en la mayoría de los casos,
no trajeron progreso sino avidez, autarquías, racismo, afanes imitadores.
Y estos gringos desarrollados en corrupción, en violencia..., y
éste cómo mira, como bobo, como decía el Julio. Y
esos otros tres, de la otra mesa, que se hacen los hueones, seguramente
son... voy a recordarle algo a este gringo para que se chupe el dedo,
a éstos que dieron el golpe para defender la familia, ¡cínicos!
Con todo lo que ya han destruído nos ganamos el odio de nuestros
hijos. Y ahora hacen estudios para establecer por qué los hijos
ya no respetan ni quieren a sus padres“.
El latino miró ostentosamente su reloj y le dijo a James:
--Llevamos
ocho minutos conversando. En este tiempo han sido golpeadas 480 mujeres
en EE.UU. –dijo el mojón latinoaméricano dándose
ínfulas de estadístico. Naturalmente que James no tuvo capacidad
para contestar como se debía y exhibir las estadisticas de cuántos
niños se mueren de hambre por segundo en este paralizado continente
gobernado por incapaces y traicionados por dentro por especímenes
como este Arnaldo, un lucidor, un payaso, un presumido, un puro blablá.
Bastaba que recordara que somos el 10 por ciento de la población
y representamos el 30 por ciento de la produccion mundial. James es demasiado
lerdo, no sé cómo todavía está en uso, simplemente
se quedó atrás. Debiera ser jubilado.
“Nadie
podría convencerme jamás que a éstos pertenece el
futuro, una sociedad con tanta maldad desatada en las calles y en los
interiores de las casas, donde el protagonista principal es el histerismo,
no, gracias, senores...Y este tarado es incapaz de reaccionar, ¿país
más avanzado? En la falta de escrúpulos. Jamás en
el factor humano“.
--Yo leer sobre caso Lewinsky –prosiguió el mestizo al cabo
de algunos minutos, y acompanó su comentario con una sonrisa, porque
era el caso del idiota norteamericano más renombrado. La gran culpable
era, sin embargo, ella, incapaz de satisfacer necesidades elementales
de su marido el cual tuvo que... mejor era no pensar... James apenas podía
contenerse. Se notaba que el latinoamericano gozaba con los apuros de
James quien, sin ser conservador, odiaba ese tratamiento ordinario de
una historia común.
Arnaldo, luego
de su pinchazo, seguía meditativo.
„De
una parte una reacción casi puritana sobre las relaciones sexuales,
y de otra el país que ocupa el primer lugar del mundo en la exportacion
de sus aberraciones sexuales. Exportadores de guerras horrendas, de mesianismos
aderazados con destrucción y exterminios. Intentan convencernos
de la estupidez de que USA es el mundo. ¡Eso quisieran! El candor
provinciano conjugado con despiadados bombardeos a países sospechosos
de terrorismo o de odios étnicos. El país más racista
del mundo! Y las memorias de Kissinger donde admite la participación
norteamericana en el golpe y en el asesinato de Allende ...¡Y se
declaran amantes de la libertad y la democracia! Los borregos no captan
que el que a hierro vive a hierro muere.“
--Yo también leer las sucias memorias de Kissinger sobre el golpe
de estado en Chile --prosiguió Arnaldo y desarmó la ordenada
respuesta que iba a dar James, el que se quedó con la boca abierta,
siempre lento en sus reacciones y comentarios. Oficiaba de jefe sólo
por ser el norteamericano con más años en la Oficina. El
resultado estaba a la vista.
„El
terror había imperado en mi país, parientes, compañeros
y amigos fueron asesinados en una guerra decidida en Estados Unidos. La
dictadura militar deparó más sufrimiento que cuanto uno
se hubiera imaginado que produciría una dictadura comunista. Mario,
Isabel, Joaquín y tantos otros desaparecidos para siempre después
de ser torturados hasta la muerte y mis dos hermanos que tuvieron que
marchar al exilio y perdieron su país y este gringo de mierda viene
ahora a huevear. Una frase más y ...“
--Ustedes apoyar a dictadores como Pinochet –continuó Arnaldo,
pero esta vez
James contestó instantáneo:
--El Papa también –y lanzó otra gran carcajada.
La tensión
llegaba a nuestra mesa. Creo que asistíamos a las últimas
líneas de un guión rutinario. Nos miramos con Apu y Alvear
que bebían en silencio.
„El
Papa también, pero de todas maneras no es comparable al silencio
de... ¡clemencia por la edad! cuando había curas asesinados
de por medio. Religiosidad extrema, intolerante, y como resultado guerras,
guerras...La historia se escribe sólo con una mano. Todo es desorbitado
y mi sentido común se extravía ante los acontecimientos
diarios, parece sentirse obsoleto. Espantoso porque no puedo decir nada
casi en ninguna parte. En los dorados años sesenta, setenta, todavía
se podía hablar, exponer diferencias y discutir. Y solidarizar.
Ahora sólo es competencia e impotencia. La gente en las calles
tiene cara de CNN. ¿Qué hacer cuando por primera vez se
intenta legitimar lo inhumano, refrendado con espanto? ¿Qué
haremos si el principal país del mundo estimula la ilegalidad?
¿Deberemos sobrevivir bajo un fascismo mundial?“
--No me extraña, la historia del Vaticano es humana, por tanto,
también padece de sus miserias –dijo Arnaldo, en una respuesta
cliché, de un increador, un barbón, y que a esa edad todavía
vestía el pelo largo y amarrado atrás, y para colmo lo tenía
negro, tieso, áspero, hirsuto. El típico idiota latinoamericano.
Un despreciable mestizo que es nada, pues no es indio ni europeo. Es un
mestizo en un subcontinente que también es nada, que aprobó
la escuela básica, pero que no tiene idea de lo que significa progreso,
ciencia y técnica y menos economía de libre mercado. Vive
surmegido en un romanticismo de nostalgias, en sus cantos virtuales, sólo
saben sonar y comer, tocar la guitarra, pero eso sí, siempre hambrientos.
Son nuestros mendigos que pululan en las calles de este mundo. Y qué
decir sobre sus conspiraciones. Sólo copian las películas
que vieron en su juventud, naturalmente las nuestras, porque aunque se
crean originales no lo son, son una pálida copia de los europeos
mirando lánguidos, como la mujer de Lot, a los indios que ayudaron
a exterminar.
James intercambió
conmigo una brevísima mirada y estuve de acuerdo. Apu y Alvear
comprendieron que llegaba la hora de terminar con este pequeno y vulgar
juego. Habló James indicando nuestra mesa y dijo con un buen español:
--Don Arnaldo Martínez, chileno, nacido en Iquique, en 1946, hijo
de una familia socialista, de tradición. Estudió en los
sesenta en el Pedagógico, semillero de marxistas en esos años.
En dos oportunidades viajó a los países comunistas. Entrenamiento
en Cuba en los anos setenta. Militante de una organización terrorista.
Se encuentra en Ezeiza en viaje a una reunión internacional de
conspiradores. ¿Ve usted a esos tres senores que se encuentran
en esta mesa contigua? También son policías. Y dos son l-at-i-n-o-a-m-e-r-i-c-a-n-o-s,
a nuestro servicio. Señor, Martínez queda usted detenido.
Todos se ponían
de pie.
„Me
sorprendió la dicción del gringo y el contenido de su discurso,
y ya había advertido a los que se hacían los hueones en
la mesa contigua. Mientras él exponía mi biografía
pensaba vertiginoso que la situación era extraordinariamente complicada.
Y que una vez más éramos victimas de nuestra ingenuidad.“
--¡Ah, Norteamérica! –gritó el miserable y sin
que pudiéramos impedirlo descargó la botella que tenía
en la mesa sobre el cráneo de James mezclando lo rojo de la sangre
con el resto de vino. Pero antes de que James terminara de caer al suelo
ya lo teníamos, Apu le metió un rodillazo en los huevos
mientras Alvear lo aferraba del otro brazo. Yo logré que no se
cayera.
--„Sujétalo firme“ --dijo Apu antes de descargarle
un nuevo golpe, esta vez de puño, en el estómago.
Entretanto
James permanecía tendido sobre el suelo. Aunque no había
conmoción pública lo mejor era salir rápido de ese
espacio. Asumí la jefatura del operativo.
„Consciente
de la borrachera de odio comprendí la hondura de mi desgracia en
el momento que descargué la botella sobre el gringo, porque no
sólo fallaba a quienes depositaron su confianza en mi, sino porque
no era ni terrorista ni asesino. En ese momento sufrí el golpe
aleve en mis testículos y vencido por el dolor me doblé,
pero las garras que me sujetaban me impidieron caer. Antes de que se formara
el cuadro completo de mi desolación sentí el feroz golpe
en el estómago y casi instantáneamente vi el foco brillante
de una luz y tras ella el clásico uniforme negro y dos ojos que
rompían la oscuridad y el silencio --¡Despierte!, eh,
¡despierte!
„Traté
de protegerme de los golpes, instintivamente levanté mis brazos.
Tenuemente advertí el espacio y los objetos que me rodeaban, y
cuando aún era incapaz de completar el horror de la realidad el
uniformado volvió a la carga moviendo su brazo y el foco de luz
que hería mis pupilas.“
--Su pasaje,
señor, todos los boletos –insistió mirando al resto
de los pasajeros del compartimento del vagón del desaparecido
tren negro de mi juventud que avanzaba esa noche en dirección
al sur de mi país. Hacia el sur. El sur...chiquichí, chiquichí,
chiquichá...chiquichíchiquichíchiquichá....
Si
tienes un cuento sobre algún aspecto relacionado con USA puedes
enviármelo, es posible que lo publique. No debe ser muy largo y
debe ser literatura, o sea ficción.
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