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AH, NORTEAMERICA     (Por Miguel Gómez S.)

 

         ¡Ah, Latinoamérica!“, exclamó James, y levantó y bajo su mano en un gesto de paternal inutilidad al evocar una imagen que sólo podía ocasionarle disgusto por situaciones de desorden permanente, protesta ante la preocupación constante por la marcha del continente y reclamo por turbar su tranquilidad con gentes que no tenían remedio alguno, salvo sus intervenciones quirúrgicas.
       Arnaldo Martínez comía un estofado y bebía una botella de vino tinto en un restaurante de un aeropuerto internacional cuando James ocupó la mesa contigua.
       Este encargó el almuerzo, miró hacia todos lados, y, finalmente, le preguntó si hablaba inglés. Arnaldo dijo que sólo hablaba español. James dijo que era norteamericano y le preguntó, en español elemental, de qué país era.
       Arnaldo respondió que no era de ningún país, sino de Latinoamérica, y realizó un amplio movimiento envolvente en el espacio con su brazo izquierdo. Fue entonces cuando James exclamó „¡Ah, Latinoamérica!“
       Arnaldo bebió un segundo vaso de ese vino tinto como simple pretexto para ocultar la cólera y tratar de aplacar la desazón que ingresó a su cerebro y se reflejó como un encendio en su cara mestiza.
       „¡Ah, Norteamérica!“
       Los trozos de carne, como piedras, me recordaban desgracias. El gringo se había equivocado conmigo, porque cuando ingresé al primer año de la Universidad vestía estrafalario, pero siempre digno: me dejé crecer las patillas como O Higgins; mi pelo largo lo amarré atrás, como Bolívar y usaba un sombrero de ala ancha, y un pañuelo de seda al cuello como Sandino. Ah, Norteamérica, pensé recordando la fábula del tiburón y las sardinas, mi marcha por Vietnam y los asesinatos del Che y de Allende“.
       --Ustedes tener muchos problemas –acotó con precisión James.
Arnaldo lo observó y respondió:
       --Más problemas tener ustedes.
James celebró la respuesta con una carcajada sobre actuada. Trozó su carne y después de masticarla, meditó algunos minutos y dijo:
       --Nosotros ser desarrollados. Ustedes ser subdesarrollados. Nosotros ser Estados Unidos, ustedes ser Estados Desunidos –dijo; pero su risa sonó falsa.
              Volvió a arder mi cara, porque el gringo, con su simpleza, decía la verdad. Aunque a medias. Son desarrollados,efectivamente, porque durante siglos explotaron esclavos. La base de su desarrollo es tan inmoral, como la de su madre patria anglosajona, o Europa. Esclavistas, colonizadores. Cuánto crimen se oculta bajo ese desarrollo. Pero... impotente debía admitir que yo podía sentirme latinoamericano, pero no podía hablar como latinoamericano.Divisiones artificiales, egoismos nacionales...
       --Ustedes ser muy desarrollados en pegar a niños. Primera causa de muerte de bebés ser golpizas del Pa y la Ma –dije; gringo de mierda, pensé.
       James fingió que no captó las frases de Arnaldo. Entonces éste repitió palabra por palabra el agravio y disfrutó como si comiera una inmunda jaiva con salsa verde o esos asquerosos moluscos que se los tragan vivos.
       Cuando James aparentó que comprendió el mensaje se tineron sus mejillas por el brutal esfuerzo que supuestamente habría hecho para contenerse, aunque en el fondo no le importaba la insolencia del indio.
       Me sentí aliviado, el gringo como niño castigado empezó a llenarse la boca y a masticar. Definitivamente no hubiera querido que nos pareciécemos en nada a Estados Unidos, ni a Europa ni a Rusia. Teníamos nuestra propia historia, nuestros propios héroes“.
       --Yo leer „El Idiota Latinoamericano“ -dijo de pronto James y lanzó una sonora carcajada. Muy auténtica. Y fue muy buena su intervención, pues al disparar su frase apuntó al centro del corazón. Arnaldo bajó la cabeza meditabundo, se veía ligeramente airado, pues era indudable que Norteamérica necesita hacer un esfuerzo mínimo en Latinoamérica, donde, normalmente, se matan entre ellos. Vietnamizar la guerra fue... pero esa fue otra historia, plagada de errores. Aquí es sencillo el trabajo, con la ayuda de Dios nuestros propios amigos latinos demuelen la memoria, despedazándo a muchos, y en primer lugar a Bolívar, ese generalito de pacotilla, como dicen los Malinches de este subproducto de continente donde todos son comprables. Y para atender a los seguidores de esas tradiciones baratas, como este Arnaldo mierdón, tenemos a policías y ejércitos formados en nuestras Academias. Más de sesenta mil instructores armados con nuestro mensaje.
       En nuestro continente existía ese especímen, más papista que el papa,, fagocitado, asimilado, comenzando por su dudosa dignidad. Son parientes de los que implantan la celebración de la fiesta norteamericana de la noche de las brujas o mucho antes ensenaron a celebrar la pascua con árboles navidenos cubiertos con algodón para remedar la nieve, con 30 grados sobre cero! Copiones, funcionarios a sueldo de Londres o Washington. Y aunque tenemos nuestra propia historia, cultura, lengua, estilo, fallamos. Porque tenemos gobiernos de mamarrachos, que comenzaron por castrar a nuestra propia población aborígen y poner, en su reemplazo a europeos que, en la mayoría de los casos, no trajeron progreso sino avidez, autarquías, racismo, afanes imitadores. Y estos gringos desarrollados en corrupción, en violencia..., y éste cómo mira, como bobo, como decía el Julio. Y esos otros tres, de la otra mesa, que se hacen los hueones, seguramente son... voy a recordarle algo a este gringo para que se chupe el dedo, a éstos que dieron el golpe para defender la familia, ¡cínicos! Con todo lo que ya han destruído nos ganamos el odio de nuestros hijos. Y ahora hacen estudios para establecer por qué los hijos ya no respetan ni quieren a sus padres“.
El latino miró ostentosamente su reloj y le dijo a James:
       --Llevamos ocho minutos conversando. En este tiempo han sido golpeadas 480 mujeres en EE.UU. –dijo el mojón latinoaméricano dándose ínfulas de estadístico. Naturalmente que James no tuvo capacidad para contestar como se debía y exhibir las estadisticas de cuántos niños se mueren de hambre por segundo en este paralizado continente gobernado por incapaces y traicionados por dentro por especímenes como este Arnaldo, un lucidor, un payaso, un presumido, un puro blablá. Bastaba que recordara que somos el 10 por ciento de la población y representamos el 30 por ciento de la produccion mundial. James es demasiado lerdo, no sé cómo todavía está en uso, simplemente se quedó atrás. Debiera ser jubilado.
       Nadie podría convencerme jamás que a éstos pertenece el futuro, una sociedad con tanta maldad desatada en las calles y en los interiores de las casas, donde el protagonista principal es el histerismo, no, gracias, senores...Y este tarado es incapaz de reaccionar, ¿país más avanzado? En la falta de escrúpulos. Jamás en el factor humano“.
--Yo leer sobre caso Lewinsky –prosiguió el mestizo al cabo de algunos minutos, y acompanó su comentario con una sonrisa, porque era el caso del idiota norteamericano más renombrado. La gran culpable era, sin embargo, ella, incapaz de satisfacer necesidades elementales de su marido el cual tuvo que... mejor era no pensar... James apenas podía contenerse. Se notaba que el latinoamericano gozaba con los apuros de James quien, sin ser conservador, odiaba ese tratamiento ordinario de una historia común.
       Arnaldo, luego de su pinchazo, seguía meditativo.
       De una parte una reacción casi puritana sobre las relaciones sexuales, y de otra el país que ocupa el primer lugar del mundo en la exportacion de sus aberraciones sexuales. Exportadores de guerras horrendas, de mesianismos aderazados con destrucción y exterminios. Intentan convencernos de la estupidez de que USA es el mundo. ¡Eso quisieran! El candor provinciano conjugado con despiadados bombardeos a países sospechosos de terrorismo o de odios étnicos. El país más racista del mundo! Y las memorias de Kissinger donde admite la participación norteamericana en el golpe y en el asesinato de Allende ...¡Y se declaran amantes de la libertad y la democracia! Los borregos no captan que el que a hierro vive a hierro muere.“
--Yo también leer las sucias memorias de Kissinger sobre el golpe de estado en Chile --prosiguió Arnaldo y desarmó la ordenada respuesta que iba a dar James, el que se quedó con la boca abierta, siempre lento en sus reacciones y comentarios. Oficiaba de jefe sólo por ser el norteamericano con más años en la Oficina. El resultado estaba a la vista.
       El terror había imperado en mi país, parientes, compañeros y amigos fueron asesinados en una guerra decidida en Estados Unidos. La dictadura militar deparó más sufrimiento que cuanto uno se hubiera imaginado que produciría una dictadura comunista. Mario, Isabel, Joaquín y tantos otros desaparecidos para siempre después de ser torturados hasta la muerte y mis dos hermanos que tuvieron que marchar al exilio y perdieron su país y este gringo de mierda viene ahora a huevear. Una frase más y ...
--Ustedes apoyar a dictadores como Pinochet –continuó Arnaldo,        pero esta vez James contestó instantáneo:
--El Papa también –y lanzó otra gran carcajada.
       La tensión llegaba a nuestra mesa. Creo que asistíamos a las últimas líneas de un guión rutinario. Nos miramos con Apu y Alvear que bebían en silencio.
       El Papa también, pero de todas maneras no es comparable al silencio de... ¡clemencia por la edad! cuando había curas asesinados de por medio. Religiosidad extrema, intolerante, y como resultado guerras, guerras...La historia se escribe sólo con una mano. Todo es desorbitado y mi sentido común se extravía ante los acontecimientos diarios, parece sentirse obsoleto. Espantoso porque no puedo decir nada casi en ninguna parte. En los dorados años sesenta, setenta, todavía se podía hablar, exponer diferencias y discutir. Y solidarizar. Ahora sólo es competencia e impotencia. La gente en las calles tiene cara de CNN. ¿Qué hacer cuando por primera vez se intenta legitimar lo inhumano, refrendado con espanto? ¿Qué haremos si el principal país del mundo estimula la ilegalidad? ¿Deberemos sobrevivir bajo un fascismo mundial?
--No me extraña, la historia del Vaticano es humana, por tanto, también padece de sus miserias –dijo Arnaldo, en una respuesta cliché, de un increador, un barbón, y que a esa edad todavía vestía el pelo largo y amarrado atrás, y para colmo lo tenía negro, tieso, áspero, hirsuto. El típico idiota latinoamericano. Un despreciable mestizo que es nada, pues no es indio ni europeo. Es un mestizo en un subcontinente que también es nada, que aprobó la escuela básica, pero que no tiene idea de lo que significa progreso, ciencia y técnica y menos economía de libre mercado. Vive surmegido en un romanticismo de nostalgias, en sus cantos virtuales, sólo saben sonar y comer, tocar la guitarra, pero eso sí, siempre hambrientos. Son nuestros mendigos que pululan en las calles de este mundo. Y qué decir sobre sus conspiraciones. Sólo copian las películas que vieron en su juventud, naturalmente las nuestras, porque aunque se crean originales no lo son, son una pálida copia de los europeos mirando lánguidos, como la mujer de Lot, a los indios que ayudaron a exterminar.
       James intercambió conmigo una brevísima mirada y estuve de acuerdo. Apu y Alvear comprendieron que llegaba la hora de terminar con este pequeno y vulgar juego. Habló James indicando nuestra mesa y dijo con un buen español:
--Don Arnaldo Martínez, chileno, nacido en Iquique, en 1946, hijo de una familia socialista, de tradición. Estudió en los sesenta en el Pedagógico, semillero de marxistas en esos años. En dos oportunidades viajó a los países comunistas. Entrenamiento en Cuba en los anos setenta. Militante de una organización terrorista. Se encuentra en Ezeiza en viaje a una reunión internacional de conspiradores. ¿Ve usted a esos tres senores que se encuentran en esta mesa contigua? También son policías. Y dos son l-at-i-n-o-a-m-e-r-i-c-a-n-o-s, a nuestro servicio. Señor, Martínez queda usted detenido.
       Todos se ponían de pie.
       Me sorprendió la dicción del gringo y el contenido de su discurso, y ya había advertido a los que se hacían los hueones en la mesa contigua. Mientras él exponía mi biografía pensaba vertiginoso que la situación era extraordinariamente complicada. Y que una vez más éramos victimas de nuestra ingenuidad.
--¡Ah, Norteamérica! –gritó el miserable y sin que pudiéramos impedirlo descargó la botella que tenía en la mesa sobre el cráneo de James mezclando lo rojo de la sangre con el resto de vino. Pero antes de que James terminara de caer al suelo ya lo teníamos, Apu le metió un rodillazo en los huevos mientras Alvear lo aferraba del otro brazo. Yo logré que no se cayera.
--„Sujétalo firme“ --dijo Apu antes de descargarle un nuevo golpe, esta vez de puño, en el estómago.
       Entretanto James permanecía tendido sobre el suelo. Aunque no había conmoción pública lo mejor era salir rápido de ese espacio. Asumí la jefatura del operativo.
       Consciente de la borrachera de odio comprendí la hondura de mi desgracia en el momento que descargué la botella sobre el gringo, porque no sólo fallaba a quienes depositaron su confianza en mi, sino porque no era ni terrorista ni asesino. En ese momento sufrí el golpe aleve en mis testículos y vencido por el dolor me doblé, pero las garras que me sujetaban me impidieron caer. Antes de que se formara el cuadro completo de mi desolación sentí el feroz golpe en el estómago y casi instantáneamente vi el foco brillante de una luz y tras ella el clásico uniforme negro y dos ojos que rompían la oscuridad y el silencio --¡Despierte!, eh, ¡despierte!
       Traté de protegerme de los golpes, instintivamente levanté mis brazos. Tenuemente advertí el espacio y los objetos que me rodeaban, y cuando aún era incapaz de completar el horror de la realidad el uniformado volvió a la carga moviendo su brazo y el foco de luz que hería mis pupilas.“
       --Su pasaje, señor, todos los boletos –insistió mirando al resto de los pasajeros del compartimento  del vagón del desaparecido tren negro de mi juventud que  avanzaba esa noche en   dirección al sur de mi país. Hacia el sur. El sur...chiquichí, chiquichí, chiquichá...chiquichíchiquichíchiquichá....

   Si tienes un cuento sobre algún aspecto relacionado con USA puedes enviármelo, es posible que lo publique. No debe ser muy largo y debe ser literatura, o sea ficción.

 



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