El
Audi se desvió y Manfred se introdujo silenciosamente en la explanada
ubicada en uno de los costados del estadio. Avanzó con el motor
apagado hasta posarse al lado de otro automóvil, ligeramente atrás.
La oscuridad favorecía la maniobra.
Encendió
un cigarrillo, se relajó, y sus pensamientos se deslizaron hacia
los flancos de ese estadio que sirvió de aposento a patrióticas
funciones desde el 11 de septiembre.
Pasó
un brazo sobre el frío cuello de la figura femenina que lo acompanaba
y la atrajo. La cabellera de la mujer quedó flotando entre sus
dedos; no quiso soslayar la grata asociación con Evelyn.
Manfred había cumplido tareas en la central de comunicaciones que
vinculaba a los distintos puestos de mando creados para coordinar las
acciones de ese día y, además, a través de Evelyn,
tenía el contacto con el partido que el nuevo régimen había
considerado pudiera hacer un aporte civil.
Manfred, sólo
respiró aliviado cuando, después del bombardeo, se informó,
en inglés, (para despistar) que el presidente se había suicidado.
Traspasó
por algunos minutos el mando, y se retiró a una habitación
interior para sentarse a respirar. Terminó suicidándose,
se dijo, dos graves errores de apreciación en inteligencia: punto
uno, el huevón no se rindió como se creía, punto
dos, fue capaz de matarse, como no se creía o tuvieron que matarlo
como se creía, pues el avión que lo llevaría al extranjero
se caería...; no, él optó por dejar un emblema, instaló
la bandera marxista en la memoria para trascender más allá
de las felonías de su gobierno, pero de nada le serviría,
como tampoco le valió a ese otro exaltado, que es historia difunta,
y yace en ataudes herméticos adornados con algunas líneas.
Que lo metan al cajón, dijo El, y que lo entierran allá
en el Caribe. Suicidado, muerto, ya nada tiene sentido para él,
nunca lo tuvo pues no tenía salvación, el bombardeo estaba
determinado para cualquier circunstancia, porque había que dejar
una huella, también; eterna, para que todos entendieran que con
nosotros no juega ese aborrecible símbolo del poder civil, y ahora
que él y el palacio están destruídos cada futuro
presidente tendrá que pensarlo mil veces antes de abusar de su
cargo; es una nueva lección de las virtudes militares, porque éstas
son resultado del entrenamiento de la sanción, regularidad, no
excepción, si los americanos no trepidaron en lanzar la bomba atómica
sobre Hiroshima y Nagasaki, militarmente innecesario ¿íbamos
nosotros a dudar en destruir un palacio que se puede reconstruir mil veces?
regularidad es que el castigo debe ser desproporcionado, es nuestra formación
donde cada leve falta se paga con tiburones, con encierros, con carreras
extenuantes, hasta lograr que no se pida clemencia, así lo pensarán
más de una vez para volver a cometer una falta, gracias a Dios,
gracias a mi padre, y ahora ya lo saben, el bando lo dice: por cada soldado
muerto, cinco prisioneros fusilados, así aprenderán, escarmentarán,
qué dulzura de palabra, escarmiento, escarnir, decía mi
padre, no reincidencia, corrección con rigor, decía, y ellos,
ignorantes de quienes somos, desconocedores de nuestra historia, de las
crónicas que están en algunos anales..; bien, ardió
el palacio presidencial, humeante se desplomó, se esparcieron los
sesos, ardieron las casas, las rucas ardieron las sementeras, ardieron
las chácaras, llamas, llamas amadas que realzan nuestra condición,
ojalá ardiera eternamente, llama libertaria, infieles, herejes
y brujas ardieron, gitanos quemaron, arder, llamear, crepitar como música
de las llamas, llama de la libertad, crema, crema, crema..., fuego, fuegar
tradiciones, euros, somos occidentales ¡mierda!, somos cristianos
¡carajo! las llamas de la libertad, los partes de guerra informando
de la pacificación de las lanzas, con piedras nos enfrentarían,
¡imbéciles! con boleadoras las tiraban, hordas de quilapanes
marxistas, nada nuevo bajo el sol en siglos de historia, salvo el colihue,
suplantaban el tricolor nacional por la bandera roja, hoy la misma película,
nuevos actores, los de antes son sumisos y obedientes, los de ahora serán
sumisos y obedientes, la historia la hacemos nosotros, la escriben siempre
para nosotros, nosotros... y en las últimas semanas era obvio que
ni siquieran controlaban ya los acontecimientos, Evelyn, mi amor, Evelyn,
Evelyn, Evelyn, cómo te necesito, esta noche celebraremos en casa,
mortificaremos la carne, la castigaremos para que brote el espíritu,
la religiosidad, carne, carne, quiero punzarte este noche, colorearte
si fuese posible, ibis seremos, porque aunque la situación está
bajo control no faltarán los extremistas rebeldes que planeen ejecutar
actos de violencia, pero con Ley Marcial, Estado de Sitio, Toque de Queda,
carecen de toda chance, montón de jetones al avión, dijo
El, chuecos, huevones, y este pueblo de borregos que los eligió
va a comprender ahora cómo es la vida en el regimiento nacional,
para que nunca más este pueblo se extravíe en su elección,
para que nunca más mugrientos sin clase tengan siquiera la posibilidad
de usurpar el poder que siempre nos ha pertenecido, Manfred Rudolf, para
servirles, 11 de septiembre, 11 de septiembre, suena a epopeya, a himno
marcial, a desfile dieciochero, a parada militar, nuevamente nos abrazamos
con la Patria, con mayúsculas, nos confundimos en llamaradas y
detonaciones con ella, humeantes asumimos su rostro geográfico
alargado, severo, como mi propio cuerpo; golpeamos con sus brazos endurecidos
por la historia, bombardeamos con sus aviones que parecían ángeles
vengadores, disparamos con sus manos divinas, miramos con sus ojos airados
a sus enemigos que la abusaron, la hollaron, y casi, casi, Patria, casi
te defenestraron; cuánto tuvo ella que contenerse para evitar explosiones
prematuras, cuantas veces tuvo que disfrazarse, simular obediencias, fingir
por aras mayores, por un punado de... ¡miserables! Gracias a la
Divina Providencia, ¡Divina-Providencia! ojos de Dios, sabiduría
traspasada, vigilante como una guardia de soldados, determinadora de los
cursos de acción, nada se escapa en tu creación, ninguna
hoja se mueve sin que lo sepas, Tú nos ensenas la inmensidad, nosotros
realizamos tu voluntad, somos hoy Divina Providencia para este país,
tan humillado, tan golpeado, gracias por iluminar nuestros pasos, no nos
abandones, nunca.
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